Gracias virgencita


Santa María, madre eres de Dios, se escuchaba un rezo. Eran las cinco de la mañana. Para Juan, el día apenas empezaba. Sentado de cuclillas, a sus espaldas la basílica de Guadalupe, a un lado, el cerro del Tepeyac. Por la noche había estado bebiendo. Le pedía a la virgen fuerzas para trabajar y llevar algo de comer a su familia. Término su oración. Antes de levantarse se hizo una chalupa con papel aluminio, dentro de esta puso todo el crack que le quedaba. Se la fumó. Su cuerpo se estremeció, sintió un profundo alivio. Gracias virgencita, dijo. Se levantó y escondió la pistola que llevaba en su cintura, se acomodó su camisa y el escapulario que le colgaba en el cuello. Se persignó. Era hora de empezar a trabajar.

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