Acto tres, El Emperador
Personajes:
María
Carlos
Un Guardia del imperio
El Emperador
Carlos
Un Guardia del imperio
El Emperador
Escenario: El palacio real en San Petesburgo. En la escena
María, Carlos y un Guardia.
María: Querido, que hermoso es este palacio
Carlos: Es el palacio real, donde viven los que explotan al
pueblo
María: Acaso ¿son los que han causado tantos problemas a
nuestra hermosa patria?
Carlos: Así es, son los causantes del hambre y la guerra
que azota al imperio
Guardia: Silencio. No le es permitido hablar a los condenados
Carlos: Señor, nadie nos ha condenado aun.
Guardia: Silencio. Anuncio la presencia del Emperador
Entra el Emperador
Guardia: Mi señor, estos fugitivos fueron apresados a
veinte kilómetros de San Petesburgo.
Emperador: Veo que son gente fina
Guardia: Fina y peligrosa Emperador
Emperador: ¿De que se les acusa?
María: Hemos educado al pueblo
Guardia: Silencio
María: Ayudamos a leer a la gente, a defenderse de la tiranía
Guardia: ¡a callar¡
María: Que mas podemos perder, somos fugitivos
Emperador: Acaso ¿no temen a su destino?
Carlos: Nuestro destino es este
María: Servir a la patria
Guardia: Silencio
Emperador: Se les acusa de rebelión
Carlos: Me declaro culpable
Emperador: ¿y ella?
Carlos: Ella es inocente, solo me ha seguido
Emperador: Entonces dictare sentencia
Carlos: Gustoso la escuchare
Emperador: Por el delito de revolucionario, lo condeno a
ser ejecutado al amanecer.
Guardia: El emperador Dimitri ha dictado sentencia
El Guardia toma a Carlos y lo saca de escena
María llora.
Emperador: Te duele su muerte, y él es feliz muriendo
María: ¿Es usted Dimitri?, el forastero que le dimos refugio
Emperador: El mismo
María: ¿Porque lo ha condenado?
Emperador: Yo no he hecho nada, el se ha condenado solo
María: Pudo haberlo perdonado, el salvó su vida
Emperador: Salvo mi vida como yo hubiera salvado la suya,
Hoy yo solo he obedecido a la ley.
María: Son leyes injustas.
Emperador: Aun así, le he salvado la vida a usted
María: Nadie se lo ha pedido
Emperador: Lo he hecho con gusto
María: Pido que también me condene
Emperador: No podría, me he enamorado de usted
María: Siento no poder corresponderle, no a alguien que ha
manchado tanto a nuestra patria con una guerra injusta
Emperador: Dejemos la guerra a los generales, que de eso
nosotros nada sabemos
María: Le pido un favor
Emperador: Con gusto lo haré
María: Ser ejecutada junto a mi esposo esta misma madrigada
Emperador: Así será, si ese es su deseo. He dicho que la
amo, y con ese mismo amor, le concedo lo que a usted hace feliz
María: debo agradecer el favor.
Entra el Guardia
Emperador: Habrase visto, ¿quién le ha permitido la falta
de entrar sin mi permiso?
Guardia: Señor, que están aquí los insurgentes, están atacando
palacio
Emperador: ¿Podemos repeler el ataque?
Guardia: Señor, los guardias de palacio se han rendido, y
han pasado al bando revolucionario
Emperador: entonces, ¿todo está perdido?
Guardia: Me temo que si mi señor.
Entran Carlos y el Guardia
Carlos: María
María: ¡Querido!
Se abrazan
Carlos: Declaro este como el día de la revolución, el día en que se libera al pueblo
Emperador: Como Emperador del pueblo que aun soy, me
declaro a las ordenes del nuevo comité revolucionario.
Carlos: Señor, será usted juzgado
Emperador: Que así sea, que de mis actos de todos he de
responder
María: es usted valiente
Emperador: nada puede pasar al hombre que actúa en sus
convicciones.
Carlos: Así sea señor emperador. Guardias. Llévenlo detenido
Sale el Emperador y los Guardias
Cae el telón
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