Noche de perros
Fue a principios de enero,
el día nueve. Eran poco más de las diez de la noche. Iba conduciendo por
avenida Ruiz Massieu. Estaba yo en turno de la noche y ya se me había hecho
tarde. Así que aceleré, pasé la esquina del banco, seguí
de frente y di vuelta en la Zaragoza. Era invierno y hacia frío.
No me di cuenta que me
estaban siguiendo. Di vuelta en la avenida y pasé justo enfrente de la fábrica
de hielo. Ahí fue donde me alcanzaron. Era una camioneta doble cabina sin
placas y una patrulla, se atravesaron y yo quede en medio. De la camioneta sin
placas bajo un tipo con un arma. No mames, pensé, están deteniendo al de la
camioneta. Sin dudarlo metí reversa y sin más salí de ahí. No le di mayor
importancia. Seguí conduciendo, en la esperanza de no volvérmelos a topar.
Había avanzado apenas doscientos metros, cuando llegando a la gasolinera, otra
vez se me atravesó la misma camioneta y la misma patrulla. Este güey se les
está dando a la fuga, pensé. Quise salir nuevamente de reversa, pero de una de
las camionetas, la sin placas, bajo un tipo con un pasamontañas. Golpeo el
vidrio del pasajero con algo metálico, con ambas manos cargaba una metralleta.
¡Bájate hijo de la chingada!, ¡no mames! ¿me estaba hablando a mí!? ¿Yo porque?,
me pregunte. Entonces apagué el auto y antes de que pudiera pensar, el tipo le
metió un par de tiros a mi rueda delantera.
El impacto me dejo helado.
Cagado de miedo baje del auto. ¡Las manos arriba! Gritaron un par de tipos que
me apuntaban y ya me esperaban del lado del conductor, uno de ellos con una
pistola y el otro con un cuerno de chivo. Todos, menos uno, estaban
encapuchados. De inmediato un tipo me puso unas esposas. Otro me tomo del brazo
y con su mano me lo torció. ¡Me estas rompiendo la mano cabrón!, grite. Entonces
me sujetó y estrelló mi rostro sobre la cajuela, mientras los otros tipos
registraban mi auto. Sacaron todo lo que traía en mis bolsillos. El celular.
¿Qué tiene?, pregunté. Quítale el protector de pantalla. ¡Busquen bien, porque
debajo de un asiento guardan la droga! Gritaba uno de ellos.
No dejaban de golpearme.
En la cabeza, mazapanazos; en la cara, cachetadas y golpes con los puños.
¿Quién eres güey? Si nos dices que vendes droga te vamos a dejar ir, pero si
no, ahí si ya te llevo la chingada. No vendo nada. ¿A qué te dedicas? Soy
empleado. ¿Traes alguna identificación de tu trabajo? Otro mazapanazo más.
¡Contesta cuando te pregunten! Putazo en las costillas. ¿Traes alguna
credencial? No, conteste. No mames, ni tú te la crees. ¿Qué me ves cabrón? No
veas a la cara, otra patada.
Lo peor fue al final.
Después de media hora golpeándome y haciéndome preguntas, decidieron llevarme
con ellos. En principio pensé que me llevarían a una comandancia. Aunque no
parecían policías. Súbanlo a la camioneta dijo uno, que podía ser el jefe.
Porque no me dejan aquí, pregunte. No va a ser lo que tú quieras cabrón,
¡súbete! Me subieron a punta de chingadazos. Ya arriba. Agáchate cabrón. No
mames, me van a matar, pensé. Lleno de miedo empecé a empujar al tipo que me
acompañaba en el asiento trasero. De un par de puñetazos me calmo un poco, y
digo un poco porque mi miedo era tan grande que volví a empujarlo otra vez y el
a golpearme.
Al final se detuvieron junto
a unas bodegas de granos. Alguien les hizo una señal. Bájalo, dijo el que
conducía. Abrieron la puerta y descendí. Alguien me quito las esposas. Ahí
mismo pensé que me dispararían. Me convertiría en una víctima mas no
identificada. Me entregaron mis llaves y mi celular. La camioneta se fue. Me
quedé ahí quieto. Pasaron un par de minutos. Caminé por la calle. Me di cuenta
que cojeaba, los golpes en todo el cuerpo no me dejaban sentir cual madrazo me
dolía más. Había transcurrido una hora. Llegue a mi carro y todo madreado
cambie la llanta que me habían ponchado de un balazo, subí a mi auto y descanse.
Decidí, a pesar de todo,
ponerme a trabajar, así que abrí mi cajuela, tome una caja de herramientas, saque de ahí
dinero, dosis con droga, una pistola y un cigarro de mariguana que me fume en
plena calle. Al fin, que más podía salir mal en esta noche de perros, me pregunte.
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