Jugada de ajedrez
Jugada de ajedrez
Noventa y siete, noventa y ocho, noventa y nueve, cien. Juan
acomodó el último carrito de juguete en el armario. Era la colección completa
de autos hot weels que le habían traído en su onceavo cumpleaños.
Juanito!, desde el patio su abuelo lo llamaba. Estaba sentado detrás
de una mesa de jardín. Sobre esta estaba dispuesto un tablero de ajedrez. Las
negras se defendían con solo el rey, una torre y un peón. Las blancas atacaban
con la reina y dos alfiles. Era el turno de las blancas. El abuelo nervioso
observaba el juego. Juan se sentó a la mesa. Por un momento ambos se miraron a
los ojos. La suerte estaba echada. Juan avanzo la reina, su alfil la protegía,
fue un movimiento premeditado. Jaque. El abuelo intentó huir del peligro. De
inmediato movió su rey y lo saco del peligro. En un segundo movimiento Juan
arremetió nuevamente con su reina, esta vez era definitivo. Fatal. Jaque Mate.
Lleno de coraje el abuelo miro el tablero, tomo las piezas y las tiro al suelo.
Juanito reía y cantaba triunfalmente.
Muchos años después Juanito recordaría esta partida con su abuelo.
Había asistido como concursante al campeonato mundial de ajedrez en Moscú.
Estaba jugando la final con el campeón ruso. Esta vez él jugaba las piezas
negras. Se defendían con solo el rey, una torre y un peón. Las blancas atacaban
con la reina y dos alfiles. Era el turno de las blancas. Por un instante se
miraron a los ojos. La suerte estaba echada.
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